"Concédeme, Señor, serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir las unas de las otras". Kurt Vonnegut, Matadero cinco

28/1/15

Trabajos invisibles

Antes de ponerme a hacer lo que suelo hacer la mayor parte de las tardes (trabajar), quería dedicar una entrada a una situación que me molesta mucho y que de todas formas no podré arreglar desahogándome aquí. Pero bueno, este es un blog, mi blog, y si aquí no tengo la libertad de escribir lo que quiero, no sé dónde la tengo ya.

Vengo a quejarme del poco reconocimiento que recibimos los trabajadores invisibles. Y con ello me refiero a todas las personas que dedican sus esfuerzos y energías a trabajos que todo el mundo disfruta como si surgieran mágicamente pero que, en cuanto aparece una sola persona dedicada a ello o que quiere dedicarse a ello, recibe el desprecio o la infravaloración. Esto podría extenderse a muchísimos trabajos (porque el ser humano es bastante desagradecido bastante a menudo), pero yo me estoy refiriendo a la industria del arte, la cultura y el entretenimiento. Me estoy refiriendo a todos los que trabajamos ya sea escribiendo, editando, corrigiendo, maquetando, actuando, montando vídeos, etcétera. Todos los escritores, actores, músicos. Todos los que dan su tiempo y su esfuerzo por sus sueños y a cambio son llamados vagos.

El otro día tuve la oportunidad de trabajar de extra en la grabación de una película "casera", por llamarlo así. Pero el ejemplo me vale para cualquier otro tipo de película. Las personas se sientan a ver la película, a pasarlo bien dos horas y si eso igual hasta reconocen el trabajo de los actores. Pero ¿solo los actores? ¿Son ellos los únicos que sacan adelante la película? No. Detrás de una película hay muchísimas personas en las que nadie piensa. Está el director del rodaje. Está el productor. Los cámaras, la gente de sonido, fotografía, vestuario, maquillaje. Los que hacen el montaje final. Los guionistas que escribieron esas palabras que os conmovieron. ¿Y qué tienen en común todas esas personas? Que han luchado por estar allí, han estudiado, se han preparado. Y seguro que, a pesar de todo, a pesar de deslomarse para hacer esa película, en algún momento tuvieron que soportar que algún listo les dijera "si tú no trabajas, eso no es nada". Lo mismo con el guitarrista que se machacó las manos día tras día hasta tener la habilidad necesaria para hacer ese solo que tanto os flipa. Lo mismo que aquella persona que escribió esa letra que tanto os llega al corazón. Lo mismo con la persona que escribió el libro del que se hizo esa película que vais a ir a ver al cine porque no tenéis nada mejor que hacer. Los libros, las canciones, las películas, los cuadros, todo está ahí, es real, se puede ver, tocar, escuchar, sentir. Pero ¿y las personas que lo han hecho posible? ¿Se estaban chupando el dedo? ¿Chasquearon los dedos y apareció el libro o la canción? ¡No! ¡Trabajaron para hacerlo real!

Tengo 23 años. Nunca he tenido un "trabajo", y no porque no lo haya buscado. Quiero ser escritora. Y no soy de las que dicen "quiero ser esto" y no muevo un dedo para conseguirlo. Llevo escribiendo desde los trece años. Tengo doce historias terminadas, las más largas rozan las cuatrocientas páginas, la que más tiempo me llevó hacer tardé seis años en terminarla. Participo en concursos literarios desde los diecisiete años. Envío manuscritos. Me apunto a talleres y cursos de escritura. Leo para mejorar mi técnica y enriquecer mi mente. Estoy escribiendo mi historia número trece, en la que llevo trabajando (¡sí, trabajando!) desde mayo del año pasado. He quedado finalista en un premio al que se presentaron 87 personas. Conseguí que uno de mis guiones se convirtiese en un corto-parodia que está en Youtube. Uno de mis relatos cortos fue leído en un podcast de literatura. ¿Con qué se queda la sociedad maravillosa en la que vivimos? Con las dos primeras frases, "tengo 23 años, nunca he tenido un trabajo". Gracias, muchas gracias, mundo.

Vamos a dejar clara una cosa: no tener trabajo y no trabajar NO es lo mismo. Todas, todas esas personas que veis con una guitarra a cuestas, todas las que se pasan el día al ordenador dándole vueltas a una trama para que cuadre, todas las que veis estudiando arte dramático, danza, música, artes visuales/escénicas, bellas artes, TODAS están trabajando. Aunque a vuestros ojos no tengan trabajo. Aunque os parezcan unos vagos que viven del cuento y tienen pajaritos en la cabeza. Los pajaritos importan, pero no son los pajaritos los que consiguen las cosas, sino el trabajo. Si Tolkien no hubiera trabajado durante décadas, El Señor de los Anillos no existiría. Si John Lennon y Paul McCartney no hubieran ensayado mil y un veces, The Beatles nunca habrían existido. Si Freddie Mercury y el resto no hubieran trabajado no podríais cantar We are the champions cada vez que vuestro equipo al que amáis a muerte gana la Champions. Si Steven Spielberg o George Lucas hubieran sido unos vagos no tendríais Star Wars ni Jurassic Park ni todas esas pelis que os encanta ver.

Los artistas, los que trabajamos en estas cosas NO somos vagos. Curramos igual que vosotros, igual que todo el mundo. Y al igual que todo el mundo, luchamos todos los días para que se nos dé una oportunidad de mostrar lo que valemos. ¿O acaso no es eso lo que todo el mundo busca, la oportunidad de poder hacer algo? Nosotros luchamos por eso, por llegar a nuestras metas, como vosotros. ¿Y qué si nuestras metas están un poco más alto o en otra dirección? Es mejor tener una meta que no tener nada. Caminar sin más no sirve de nada si no tienes intención de llegar a ningún lado, del mismo modo que no sirve decir "quiero llegar a tal sitio" y no moverte de tu pedazo de tierra. ¿Esperas que el destino llegue a ti? ¿Te quedas donde estás porque el camino promete ser complicado y duro? ¿Acaso no te vas de vacaciones al quinto pino aun sabiendo que te tocará chuparte un huevo de horas en coche? Sí, ¿verdad? Porque quieres llegar. Quieres llegar a esa maldita playa y espanzurrarte al sol mientras bebes un refresco. Eso queremos todos. Los artistas y cualquier persona. Queremos llegar al lugar que nos hemos puesto de meta. Y estamos caminando, aunque no nos veáis. Tal vez nuestra meta os parezca imposible, tal vez os parezca que no tenemos meta y nos limitamos a caminar sin rumbo como hace muchísima gente, pero no es verdad. Nosotros no sobrevivimos, nosotros vivimos cada paso que damos. Tropezamos, nos caemos, nos levantamos.
Y nunca, nunca olvidamos adónde queremos llegar, por difícil que sea.

Así que, la próxima vez que veáis a alguien y vayáis a llamarle vago o a echarle en cara que "no tiene trabajo", pensad en esto. Porque muchos trabajamos, aunque no se nos vea, aunque no se nos pague, aunque no se nos reconozca y nuestros trabajos sean invisibles.
Para que sigáis teniendo libros que leer, películas que ver y música que escuchar sin pensar un instante en que, detrás de todas esas letras, luces y melodías, está el esfuerzo de los "vagos", de los que creen en imposibles y no buscan "un trabajo de verdad". Para que, cuando vayáis al cine a ver una película, os levantéis en cuanto aparezcan los créditos, los nombres de todas las personas que colaboraron para que tuvierais vuestras dos horitas de disfrute. Para que cuando veáis un libro en un estante os quejéis de lo gordo que es y comentéis que el que lo hizo seguramente no tenía vida.

Seguro que os gusta que se reconozca vuestro trabajo. A nosotros también.
Seguro que os jode cuando no se os reconoce. A nosotros también.
Pero vosotros no cargáis con el estigma de vagos ni os dicen locos. Qué suerte tenéis...

16/1/15

Gerard Way en Madrid: crónica de una fan

"A veces tienes que morir por dentro para resurgir de tus propias cenizas y creer en ti mismo y quererte para convertirte en una mejor persona". Esa siempre ha sido una de mis frases favoritas de Gerard Way. Hoy empiezo mi crónica del concierto pensando en ella, porque creo que eso es justo lo que ha hecho Gerard, no solo ahora, sino muchas otras veces: resurgir. Cambiar radicalmente, pero siempre a mejor y siempre sin dejar de avanzar hacia delante. Eso es lo que ha hecho con Hesitant alien, su primer disco en solitario.

Siempre digo que Gerard fue uno de los factores determinantes para que terminase haciéndome fan de My Chemical Romance. No por guapo, no por su técnica vocal, sino por su historia, por su ejemplo y su manera de pensar. Por eso siempre he apoyado todo lo que ha ido haciendo desde que lo conozco, desde el cambio drástico que supuso Danger days hasta su decisión de disolver la banda. Cuando admiras a alguien, le deseas lo mejor. Por eso, aunque doliera, entendí que decidiese parar y lo preferí antes que esperar un desenlace trágico. Y por eso, cuando esa persona que admiras se embarca en un nuevo proyecto en el que va a dar todo de sí, tú le apoyas.

¿Mi opinión sobre Hesitant alien? La primera vez que lo escuché no me enganchó mucho. Ese tipo de música no es mi estilo. Pero con el tiempo, acabé pillándole el truco y me gustó. Sigue siendo Gerard Way. Sigue teniendo ese algo que transmitía a la corriente de energía de la que bebía My Chemical Romance, al igual que lo siguen teniendo Frank Iero, Ray Toro y Mikey Way en sus respectivos trabajos en solitario. Así que, puesto que me gustaba su nuevo trabajo, me animé a ir al concierto de anoche en la Joy Slava.

La espera antes del concierto fue amenizada por la divertidísima actuación de James Dewees. Yo solo le conocía porque había sido el pianista de MCR durante las giras y poco más, pero la verdad es que con sus canciones movidas, su sentido del humor y su sensualidad (los que estuvieron ayer entenderán esto y se reirán xD) nos hizo más llevadera la espera. O no. Todo va en gustos. Yo me reí mucho. Lo último que esperas cuando pagas para ver a Gerard Way es que aparezca un hombrecillo barrigudo vestido en chándal que te haga un striptease para terminar cantando vestido de marinerito. El momento "sí, queso, los caballos" pasará a los anales de la historia.


Después, aunque algo más tarde de lo previsto (de hecho Dewees nos avisó), comenzó el concierto propiamente dicho. Entraron The Hormones, la banda, y entonaron las primeras notas de Bureau. Y entonces Gerard entró en escena y la sala se vino abajo. Lo único que quizá arruinó el inicio del concierto en mi opinión fue el hecho de que los instrumentos se oían más que su voz, pero eso al fin y al cabo no es un fallo suyo, sino problemas de sonido. Gerard lo dio todo, con la voz y con su interpretación, sus gestos, sus aspavientos dramáticos, su mano subiendo y bajando pidiendo que el público hiciese lo mismo, todo lo que le caracteriza. Dejó que le cogieran de la mano, se movió de un lado a otro del escenario e interactuó con todos. Esos fueron sin duda los momentos más emotivos del concierto, momentos en los que todos callamos para escucharle y aplaudimos a lo que nos decía. Porque Gerard nunca deja pasar la oportunidad de animar a sus fans, de apoyarlos en sus causas. Habló sin reparos de luchar por cumplir los sueños ("No persigas tus sueños, haz que tus sueños te persigan"), de la discriminación que a veces se ejerce sobre las mujeres ("¿Sabéis por qué los de arriba os tratan así? Porque están aterrorizados de lo que sois capaces de hacer"), apoyó a las personas transexuales y a todos los que las rodean y apoyan en sus vidas, habló de las enfermedades mentales... Por supuesto, también hubo tiempo de agradecer a los fans ("thank you for believing in me").


Otro de los momentos culminantes fue cuando decidió subir a una fan al escenario en agradecimiento por regalarle una bandera. La fan tuvo la oportunidad de permanecer allí arriba durante toda una canción (creo recordar que fue durante Get the gang together) tocando la pandereta y moviendo el esqueleto con Gerard. Pero todo tiene un final. Tras tocar un cover, marcharse, regresar para un bis y despedirse prometiendo volver (a ver si es verdad), Gerard dio por concluido el concierto. Las luces se encendieron. El show había llegado a su fin.

Pero aún faltaba un último regalo de despedida: un rato largo después, Gerard tuvo el detalle de salir fuera a saludar a los fans y firmarles cosas. Ahí es de agradecer que hubiera un orden y que la gente se comportase, de lo contrario habría podido ser desastroso. Pero con lo que me quedo es sobre todo con el detalle. Hacía frío. Estaba lloviendo. Éramos bastantes personas. Pero aun así Gerard salió. ¿Que qué le dije cuando me tocó a mí acercarme? Lo único que se me ocurrió decirle, porque era lo único que pensaba en ese momento: "gracias por salir a firmar a pesar del mal tiempo". A lo que él respondió "¡no hay problema!". Es una pena que no dejasen hacer fotos, porque dudo bastante que vuelva a tener la oportunidad de estar tan cerca de él. Pero bueno, menos es nada ^^" ¿Mi recuerdo? ¿Lo que me firmó? Me firmó una de mis libretas. Para mí es especial, es una de las libretas en las que escribo poemas, una libreta que siempre llevo conmigo. Es especial, y ahora lo es mucho más. Gerard nos dijo durante el concierto "gracias por creer en mí". Yo no puedo evitar pensar "gracias a ti por ser como eres".


31/7/14

¿Qué estoy haciendo?

Hacía como siglos y siglos que no me pasaba por aquí... Quizá es porque no sabía muy bien qué decir o sobre qué escribir, pero bueno, si sigo así este blog va a desaparecer, y eso no puede ser, vaya.
Llevo, según como se mire, un año en blanco. Acabé la universidad el año pasado. No he encontrado un trabajo. Es un poco mi culpa, porque tampoco sé qué es lo que busco. Por ejemplo, podría estar intentando dar clases de inglés (se supone que he estudiado idiomas). Y cuando digo dar clases no me refiero a clases particulares, sino plantearme estudiar el máster y hacerme profesora en condiciones. Pero eh, si algo tenía claro cuando entré a la universidad era que no sería profesora. Si hubiera querido eso desde el principio me habría metido a Estudios Ingleses. Nunca quise ser profesora. ¿Por qué? Por muchas cosas, pero creo que la más importante es porque no tengo vocación. He tenido a lo largo de mi vida muchos profesores que o a través de su actitud o incluso porque ellos mismos lo admiten, no tienen vocación. Nunca quisieron pasarse la vida metidos en un aula con veinte niñatos de los cuales tal vez diez como mucho se comporten y muestren un mínimo interés. Y ¿qué pasa cuando te metes a profesor sin motivación y sin vocación? Muchas cosas. Estás cabreado, frustrado. Enseñas sin ganas. Muchas veces enseñas hasta mal. No te interesa si los alumnos te están entendiendo o no, solo terminar la clase cuanto antes y acabar para irte a casa. Yo no soy así. No quería ser así. No quería ser la culpable de que alguien se sintiese tonto o que le cogiera asco a algo por mi culpa (por ejemplo, gracias a la mayor parte de profesores de francés que he tenido, le tengo algo de tirria, cuando era una de mis asignaturas favoritas del instituto u.u). Conclusión: creo que ser profesor es una gran responsabilidad de cara a la sociedad y creo que si de entrada no es algo que te guste no deberías dedicarte a ello. A mí me gustan los idiomas. Me gusta leerlos, escribirlos, aprenderlos, usarlos para comunicarme con las personas. Pero no me gusta enseñarlos y no me gustaría estar toda la vida enseñándolos. Es así, es triste, pero es así ^^"

Por lo que, cuando aún estaba en mi último año de uni, me enfrenté a la angustiosa decisión de "qué demonios hago yo ahora, socorro". Tenía que pensar en las posibles salidas que me ofrecía la carrera que había escogido estudiar. ¿Qué me había enseñado mi carrera? Algo de lingüística, algo de literatura, algo de retórica, inglés, francés... Mi problema es que, aunque me encanta aprender este tipo de cosas, no soy capaz de encontrarles una utilidad en la vida real y palpable que corre alrededor de todos nosotros. ¿De qué me sirve saber quién escribió The waste land en la vida real? ¿Saber que el ruso es una lengua eslava y el finés una finougria me va a ayudar a hacer la compra? Y así podría seguir un rato, si no fuera porque la mayoría de las cosas que aprendo las termino olvidando con el tiempo (yo no quiero, es mi cerebro, por lo visto elimina lo que no hace falta. Pero nadie me pregunta a mí, claro ¬¬). El último año di Edición y Revisión de textos. Resulta que se me suele dar bien la ortografía y la ortotipografía, soy algo maniática con eso. Y pensé "bueno, a esto no me importaría dedicarme". ¿Corregir los errores de otros? ¿Por qué no? Me gusta el mundo editorial, me gustan los libros bien editados. Pensé que podría dedicarme a corregir pruebas. Y así, al terminar la uni, me metí a un curso de Corrección de textos. El curso estuvo genial. El problema es el poco presupuesto para empezar con ello (presupuesto nulo, va, seamos honestos). Luego hice un curso online de Narrativa, donde me enseñaron lo típico, qué es la ficción, los distintos tipos de narrador, la búsqueda del tema en una novela, personajes, la trama... 

En resumidas cuentas, te preguntarás "¿y todo lo que has hecho te ha servido para algo? A fin de cuentas, llevas un año en el paro y no parece que las cosas vayan a cambiar..."

Pues como hoy estoy optimista, te diré que sí. Sí, todo esto ha servido para algo. A mí me sirve.
Veamos, ¿qué es lo que me gusta? ¿Qué me gustaría hacer con mi vida? Quiero ser escritora. Algunos creen que ya lo soy, porque llevo años escribiendo, porque tengo muchas historias terminadas, porque algunas las he enviado a concursos literarios. Otros supongo que no me verán como una escritora hasta que consiga publicar algo. ¿Cómo me veo yo? Depende del día. No sé si puedo llamarme escritora o no, solo sé que tengo doce historias terminadas y que llevo intentando publicar desde que terminé la número siete. No sé si aún estoy lista o no, pero no por ello voy a parar de intentarlo. Sé que gracias a ir a la universidad conocí a Virginia Woolf y que su forma de escribir en Las olas me influenció para mi historia número ocho. Sé que gracias a ir a clase de Edición y Revisión de textos aprendí muchas cosas que me sirvieron para mejorar la presentación de mis trabajos y de mis manuscritos. Sé que coger Escritura creativa como optativa me ayudó a reafirmar mi visión de la escritura, de por qué escribo y de por qué escribo como escribo. Sé que en Crítica literaria aprendí a justificar por qué me gusta o no me gusta una historia, a considerar todas sus variables (personajes, trama, contexto, todo). Sé que en el curso de Corrección aprendí aún más cosas que en Edición, como mis eternas dudas sobre la puntuación en los diálogos. Sé que en el curso de Narrativa di lo mejor de mí para comprender la diferencia entre conflicto, crisis y clímax en una historia (no sé si lo conseguí xD). 

Lo que quiero decir es que, aunque a lo mejor todo lo que he aprendido en mi vida y en estos últimos años no me ha aportado ninguna finalidad práctica para la vida real, sí que me ha servido para mi propia meta personal, que es escribir. Y si de veras quiero dedicarme a ello, invertir mis esfuerzos en practicar y aprender a hacerlo lo mejor posible no es tan descabellado, ¿no? Sé que es una locura, pero hay personas que opinan que para mejorar en lo que quieres y conseguir lo que te propones hay que arriesgarse, poner todo tu corazón en ello y dedicarte al cien por cien. 
Y eso es lo que estoy haciendo y lo que he intentado hacer durante este año "en blanco". Lo pongo entre comillas porque en cuanto a mi vida como escritora no ha sido un año en blanco. El verano pasado comencé mi historia número once y la terminé en octubre del mismo. Es la historia más larga que he hecho nunca y para mí fue todo un logro después de la mala racha que pasé a principios de ese año. Este año comencé y terminé la historia número doce, que para llevar la contraria es la más corta que he escrito a ordenador.
Cada historia terminada es un triunfo para mí. Cada vez que termino una pienso que tal vez sea la última, hasta que aparece la idea para otra. Una vez tengo la idea, pienso que quizá podría cansarme de la misma y quedarse todo en nada. Por eso terminar es un triunfo. Lo he vuelto a conseguir. He hecho algo. He creado algo.
También empecé a estudiar japonés por mi cuenta. ¿Por qué? ¿No sería más normal intentar no perder el inglés, repasar francés y proseguir con lo poco que aprendí de alemán el verano pasado?
Cierto. Pero yo estoy como una cabra. Me guío por lo que me gusta sin saber si sirve o no. ¿Qué estoy intentando probar con aprender japonés por mi cuenta? Creo que intento demostrar y demostrarme que tengo virtudes, cualidades que podrían aplicarse en otros contextos. Disciplina. Constancia. Capacidad de organización por encima del caos extremo que gobierna mi cabeza. Es como si me dijese "si eres capaz de aprender algo de japonés, si has sido capaz de aprender dos silabarios y de reconocer unos doscientos kanjis (que hay unos tres mil, así que jeeeeeee), entonces eres capaz de otras muchas cosas aunque tú no lo creas".

¿Qué estoy haciendo?

No lo sé. Intentar abrirme camino. O encontrarlo, no sé.
¿Quién puede responderse a sí mismo esa pregunta, de todas formas?










(Lo cual no quita el hecho de que necesito un trabajo. Lo sé, lo sé).


24/3/13

And if the world stops believing, I'll keep believing that the world can make a change

No ha sido un buen finde el que está acabando. No lo fue desde el principio, desde ayer que me levanté y me encontré con una maraña de mensajes de colegas diciéndome lo que sería la peor noticia que me han dado en bastante tiempo.
My Chemical Romance, mi grupo, mi grupo favorito desde mayo de 2007, se habían separado.

Pensé "esto es una coña, o algo", pero no, no lo es. Se han separado. Así, sin más.

Mucha gente dice de esta banda "MCR me salvó la vida". Yo no puedo decirlo literalmente porque no es cierto, pero ayudó bastante. Les conocí casi de casualidad, un día que dejé puesto FlyMusic mientras barría después de comer. Nadie me había hablado de ellos, no sabía ni que existían. No es como esas veces que te pones a escuchar un grupo porque te da por ahí o porque un amigo te dice "escucha esto, te gustará". Simplemente encendí la tele en el momento adecuado y puse el canal adecuado. Y allí estaban, en blanco y negro, tocando I don't love you. Y más tarde, otro día, en el mismo canal, volvieron a aparecer, envueltos en el polvo, en el fuego y en la rabia, y sin embargo gritándole al mundo "I am not afraid to keep on living", no tengo miedo de seguir viviendo. Ni siquiera me di cuenta de que era el mismo grupo hasta el final, y aun así notaba ese "algo" especial que me había impedido cambiar de canal. La fuerza. La energía. La rabia, el sentimiento. El mismo sentimiento que me atravesó la primera vez que vi el videoclip de Helena cuando ella se levanta del ataúd y se pone a bailar.

En ese momento solo conocía dos canciones de ellos, I don't love you y Famous Last Words. Helena era la tercera canción que escuchaba de MCR, y desde ese instante lo supe. Ya era fan. No sabía su historia, no sabía el nombre de los entonces 5 integrantes de la banda, ni de dónde eran, ni cuántos discos habían sacado. Pero era fan. ¿Por qué? No lo sé, pero lo sabía.
Y luego conocí toda la historia. Supe que Gerard decidió montar el grupo después de haber vivido el 11-S en Nueva York, que eso le hizo pensar que estaba desperdiciando su vida y que quería hacer algo grande, dejar huella, no ser invisible. Creo que eso hizo que les admirase aún más, porque me vi reflejada en esa premisa, en ese propósito. Yo también quería hacer eso, aunque a mis 16 años recién cumplidos no supiese cómo. Pero el simple hecho de saber de alguien al que le pasaba algo parecido, o simplemente de enterarte de que ese alguien estuvo muy jodido, lo pasó realmente mal hasta el punto de querer suicidarse y no solo no lo hizo, sino que sacó fuerzas de alguna parte dentro de él y salió adelante para gritarle al resto "Eh, se puede. Yo he podido." No digo que él lo haya dicho expresamente en alguna entrevista, no, me refiero a sus propias acciones, a su propia historia. Eso fue lo que en cierto modo me enseñó Gerard Way, que uno puede estar realmente mal pero que puede resurgir con más fuerza que nunca. "Sometimes you have to kind of die inside in order to rise from your own ashes and believe in yourself and love yourself to become a new person. " A veces como que tienes que morir por dentro para levantarte desde tus propias cenizas y creer en ti mismo y amarte a ti mismo para convertirte en una nueva persona. Siempre me ha gustado esa frase. Es muy cierta. Porque todos en cierto momento hemos tenido malas épocas, todos nos hemos sentido a veces rechazados, o perdidos, o rotos, sin rumbo. Y no nos vale un "ya se te pasará, es que estás en la edad" o "cómo eres". En ese momento, cuando tienes 16, no te vale con que te digan que todo mejorará en unos años, porque te duele ahí y entonces. Cuando te sientes solo, cuando te sientes el raro, cuando no quieres ser tú porque te hace sufrir pero al mismo tiempo te niegas a ser alguien que no eres, no te vale con un "espera, que vendrán tiempos mejores". Te vale un "eh, a mí también me ha pasado. Sé fuerte, sé tú mismo y no aguantes las mierdas de nadie". Y eso es lo que me dio MCR en esa época, fuerza. La primera frase de su primera canción dice "No estás solo en esto". Y con eso valía. Daba igual que siguieran creyéndote el raro, daba igual que fueras el diferente, el que no sigue al resto. Porque desde ese momento, todo lo que podías decirles era "Me da absolutamente igual. Porque soy feliz y no necesito más". Es uno de sus mensajes. Está bien ser tú mismo, aunque al resto no les guste. Probablemente sea porque les jode no poder hacer lo mismo, porque están demasiado preocupados por el "qué pasará si no hago como los demás" como para dar un paso al frente y luchar.

MCR me enseñó eso, y entonces desaparecieron. Tardaron años en volver, años sin saberse nada de ellos. Llegas hasta a dudar si todo fue real. ¿De verdad un grupo me hizo sentir esas cosas? A lo mejor me pasé, oye, era una cría. Pero era real. Y sabía que era real porque en cada mal momento su música estaba ahí y me traía de vuelta el mensaje, el sigue adelante, no tengas miedo de vivir. En cierto modo era como "mientras ellos estén ahí, puedo seguir". Creo que Frank dijo una vez algo como "We're here as a reminder that the world is not better off without you", estamos aquí como un recordatorio de que el mundo no es mejor sin ti.

Y entonces, un día, volvieron. Y cómo volvieron, ¡Dios! Con un tío en mallas de lunares patinando en mitad de una autopista, con Gerard con el pelo rojo, máscara y un coro de voces gritando NANANANANANANANANA.



Vale, era muy muy distinto a simple vista, hasta el punto de que creo que el noventa por ciento de las reacciones fueron "¿QUÉ HAN HECHO?" ¿Se la habían cargado al renunciar al negro y toda esa imagen? Yo creo que no. Porque el mensaje seguía siendo el mismo, más claro que nunca: Keep running. Keep shining. Mean something. Sigue corriendo. Sigue brillando. Significa algo. ¿Qué más da que cambiara la imagen, que la música fuera más alegre? Busqué dentro de las canciones, y seguí encontrando ese algo, esa energía, lo que les hacía diferentes. Para mí el cambio era como un tortazo en la cara para los que se habían atrevido a llamarlos emo y pro-suicidio. Porque ellos hablaban de la muerte, sí, pero no nos animaban a hacerlo. A veces tienes que hablar del mal para mostrar qué es el bien. Esto es lo mismo. My Chemical Romance había vuelto. Y esta nueva etapa ya no era una etapa que vivir en solitario. Esta etapa fue distinta para mí porque ya no era una cría de 16 años, era una tía de 19 en su segundo año de universidad. Las cosas habían empezado a cambiar lentamente para bien, y esto era el acelerón definitivo. Porque fue entonces cuando el foro de fans de MCR volvió y empezó a organizar quedadas para que los fans nos conociéramos entre nosotros. Y en esas quedadas fue donde conocí a quienes ahora, casi 3 años después, puedo considerar mis amigos, gente muy distinta a veces pero de la que he aprendido, que me han aportado cosas, perspectivas, sobre todo. Formas de ver y sentir la vida que no habría descubierto sin conocerles. Con ellos viví ese grandioso 5 de marzo de 2011, cuando me marché a Barcelona con una chica fantástica a la que solo conocía desde hacía 4 meses a ver a mi grupo favorito, al que llevaba 4 años esperando. Y fue una gran noche, porque allí estábamos todos esos a los que un grupo de música nos había hecho sentir como ningún otro grupo, los que nos habían dado esa fuerza que nos hacía levantarnos si la realidad trataba de derribarnos. Ya no éramos una persona metida en su cuarto escuchando música. Ya no éramos el raro de la clase, ese que no hay quien lo entienda. Éramos un grupo de gente gritando y cantando a nuestro grupo favorito mientras ellos tocaban, mientras nos convencían de que sí, de que eran reales, que no eran solo una imagen que nos mira desde la pared o un puñado de notas que salen del altavoz. Ellos eran My Chemical Romance. Y lo mismo puedo decir del Dcode, el 24 de junio del mismo año. Que nos juntamos un buen puñado de gente, que pasamos calor y agobio como nadie, que nos quemamos y nos deshidratamos y soportamos empujones y grupos que no siempre sonaban muy bien. Pero lo hicimos juntos, porque "ya no estábamos solos en esto". Y todo por ellos. Ellos nos habían unido. Ellos y su música nos han mantenido unidos todo este tiempo, hasta ahora, hasta marzo de 2013 cuando nos han dicho adiós.

Cuando todo esto empezó yo era una cría de 16 con poca gente a mi alrededor y muchas dudas. Ahora, con casi 22 años, sigo teniendo dudas, pero ya no estoy sola. Tengo su música, y sobre todo tengo a todos los amigos y toda la gente que he conocido a través de haberles conocido a ellos. Y me duele que se separen, pero ante todo agradezco haberlos conocido. Porque no tendría nada de lo que tengo hoy si no fuera por ellos. Aunque nunca les vaya a conocer en persona, aunque nunca les vaya a decir esto, no me importa. Ellos han sido un ejemplo, una inspiración, una forma de vida y un camino hacia algo mejor. Ellos han puesto las baldosas, ahora me toca a mí recorrerlas adonde quiera que me lleven.


30/1/13

Madrid, ciudad de ratas

Supongo que esto no pilla nuevo a nadie, pero sentía la necesidad de desahogarme aquí sobre mi opinión al respecto.

Hoy vengo a hablaros de la ciudad de Madrid. No vivo en ella, pero paso por ella a diario para ir a mi universidad. Cojo autobús, metro y tren. Soy una asidua del transporte público, como muchos. Por eso, como usuaria que paga (a pesar de los constantes tarifazos que hacen que tengas cada vez menos ganas de usar el transporte público), creo que estoy en mi derecho de reclamar un transporte digno y decente.

Empiezo por lo básico: La calidad del servicio, la frecuencia. No sé si es el caso del metro y el tren, pero en autobuses ha habido reducción del servicio, al menos en la empresa que lleva la zona donde vivo. Para poneros en situación, diré que el autobús es el único transporte público para salir de mi pueblo. Solía pasar uno cada 15 minutos en los momentos más importantes del día. Bien, ahora pasan cada 20. Parecerá una chorrada, 5 minutos más, pero no lo es. Se forman unas colas tremendas, entre los que, como yo, pierden el bus por unos minutos y todos los que llegan después. Si no hay buen horario, ¿qué ganas tienes de salir fuera? Esa misma línea de autobuses tiene un servicio con frecuencia de 45 minutos los fines de semana. Si pierdes el bus estás jodido. Por no hablar de que en mi pueblo solo tenemos un búho y no siempre pasa cuando tiene que pasar. ¿Qué ganas hay de salir por la noche así?

Y ahora, vamos a lo mejor: el metro.
El metro, ese medio que en el fondo está tan bien pensado pero que tantos problemas da últimamente. Escaleras mecánicas averiadas que tardan siglos en repararse, goteras, huelgas espontáneas, vagones viejos, conductores que confunden conducir un tren con agitar una coctelera... ¿Qué más? ¡Ah, sí! ¡La seguridad!

Me da igual que la gente diga que si te roban es tu culpa, yo no lo creo. Uno tiene que ser lo más cuidadoso posible, sí, pero si la red de metro fuera un sitio seguro y VIGILADO estoy segura de que habría menos robos. ¿Qué pasa? Pues que se juntan muchos factores. La crisis, por ejemplo. En todos los trabajos están echando gente, y seguro que el metro no es una excepción. ¿Os acordáis de cuando había taquillas con PERSONAS atendiendo? Pues ya no las hay. Y si las hay, las encontrarás dos horitas al día charlando con el de "seguridad", no ayudando a la gente. Ahora si quieres comprar un billete tienes que ir a la máquina. Me parece perfecto, salvo por el hecho de que si tienes un problema (la máquina se traga tu dinero/tarjeta/abono/está averiada) y no hay nadie no tienes a quién reclamar.
¿Seguridad? ¿Qué es eso? Yo os diré qué se entiende por seguridad: un tío (o dos, si tienes suerte) vestidos con chalecos reflectantes mirando con cara seria y con pose de superman en una esquinita... un ratito al día. Y eso si tienes suerte. ¿Queréis saber la clase de seguridad que he visto últimamente en el metro? He visto:
-Personal "de seguridad" charlando entre ellos en plan colegas en vez de vigilando.
-Personal "de seguridad" sentado en una esquinita en una cafetería tan tranquilo en vez de vigilando.
-Personal "de seguridad" WHATSAPPEANDO en su hora de trabajo en vez de vigilando.
-Personal "de seguridad" en la entrada del metro que ve pasar en sus narices a gente que claramente no coge el metro para moverse... y no mueve un dedo.
-Personal "de seguridad" que te pide el abono transportes cuando vas a salir del metro, en vez de pedírtelo al entrar o dentro del metro, en los túneles, en los recovecos, donde se mueve la gente, donde se mezcla la buena gente con los patanes y los ladrones. ¿Me quieres decir de qué sirve pedir la documentación al salir? Si esa gente no consiguiese entrar no habría tantos daños.
Por no hablar de que nunca les he visto con ningún arma reglamentaria (una porra me vale, no hace falta que lleven ametralladoras!)

¿Cuál es la consecuencia de esto? Que cada vez tengo menos ganas de usar el metro, ese gran transporte que tiene la gran y maravillosa ciudad de Madrid. Ese fantástico lugar donde dejan entrar a gente mentirosa que manipula a la gente para hacerles sentir mal, haciéndoles creer que son padres o madres de familia pero que no piden comida o ropa para sus hijos, sino dinero. Ese lugar donde si te niegas a dar el dinero que tanto te cuesta conseguir dignamente te insultan, te escupen, te empujan o te mencionan a la familia. Ese lugar donde la seguridad nunca está cuando la necesitas y donde si tienes un problema la gente avanza indiferente siendo capaz de dejarte tirada en el suelo. Salvo que tengas la suerte de encontrarte con una de esas personas maravillosas que, sin conocerte ni nada, tienen el detalle de preguntarte qué te ha pasado. Ese lugar donde la gente se cuela a pedir y no aceptan un no por respuesta. Ese lugar donde no puedes quedarte en una escalera mecánica mientras subes porque si lo haces llegará una gitana, te abrirá la bolsa por detrás y se llevará el dinero que ibas a gastarte en tu compra del mes o tu regalo de reyes para tu hermana. Yo soy una tía corriente. No tengo un duro, ni siquiera trabajo. Y me jode muchísimo que haya gente así habiendo otras formas de hacer las cosas. Tengo amigos con padres en paro, y ellos no están en el metro saqueando a buena gente. Me han robado 2 veces la cartera. La primera vez ni siquiera llevaba dinero, apenas 3 euros en efectivo. ¿Sabéis la gracia que me hizo tener que ir a hacerme el DNI, tener que anular mi tarjeta? ¿Sabéis lo que es que en la comisaría te amenacen con multarte como vuelvas a "perder" el DNI?
Ayer casi me roban el móvil. No es una maravilla, sep, es un smartphone, pero no un iPhone o un Samsung, una cosa normal. Me di cuenta, vi al tío, el tío me miró.
Le quité el móvil. De la mano. Con toda mi mala hostia. No sé de dónde saqué el valor, probablemente de esa rabia. De haberlo pensado un segundo habrían pasado dos cosas, me habría acojonado y el tío habría salido corriendo con mi móvil. Pero lo cogí a tiempo. Tuve muchísima suerte. Perder el móvil es lo peor que te puede pasar hoy en día. No lo digo en plan pijo, yo puedo vivir sin móvil, pero en mi móvil está todo. Música, fotos, documentos, teléfonos de amigos. Me alegro de haber podido impedirlo, aunque sé que eso no me salvará de poder volver a estar en la misma situación otra vez.
No soy la única. Robos ha habido siempre, pero ahora más. A varias amigas mías les han quitado la cartera. ¿Pero quiénes se creen que somos? ¿Millonarias? Somos estudiantes. El dinero que tenemos es gracias a nuestros padres, que se rompen los cuernos a diario para poder mantenernos y sacarnos adelante. Puestos a robar, robad a otros. Aunque nadie se merece que le roben, siempre y cuando lo que tengan sea suyo y no arrebatado a otros. Suele decirse que hay dos tipos de ladrones, los que llevan corbata y los que no. No se puede evitar que los que la llevan hagan lo que hacen. Son unos hijos de puta bien colocados, es así. Pero se podría evitar que pasara lo que me ha pasado a mí, solo con una mayor SEGURIDAD. Una seguridad eficiente, una policía eficiente. ¿Sabéis cuándo veo yo a la policía? La veo en manifestaciones. A montones. En manifestaciones pacíficas, porque al menos así son todas en un principio, pero ahí están ellos. Para que no haya desórdenes, dicen. ¿No será para asustar? ¿No será para intimidar, para que nos achantemos todos y nos quedemos en casita? Oh, señores, para eso no se les necesita. Ya tenemos ladrones y políticos que nos obligan a ello. Ya tenemos paro, ya tenemos desahucios. Lo que necesitamos en realidad es justicia, que hagáis bien el que se supone que es vuestro trabajo, proteger al ciudadano. Mucho lucimiento en grandes actos y en manifestaciones, en navidad, en carreteras cuando es navidad. ¿Y el resto del año? ¿O es que solo hay problemas en las grandes ocasiones?
Estoy harta de que la justicia no esté cuando se la necesita. Se echa en falta gente de verdad, gente que ayude, gente con un par que actúe por convicción y vocación, no gente a la que le da igual, a la que se le pagará igualmente por no mover un dedo.
Vivimos en una ciudad de ratas, en un país de mendigos. Y los fumigadores están en su pausa del bocadillo junto con los peces gordos.

23/1/13

No sé dónde voy, ni de dónde vengo...

...Solo tengo en mis manos este viejo recuerdo."

Acabé el primer semestre. El penúltimo de mi vida hasta nuevo aviso. Todo bien, aunque me inquieta mi habilidad para mejorar mis notas haciendo cada vez menos. ¿Cómo coño es posible?

No sé de qué venía hoy a hablaros. Tengo un revoltijo de cosas en mi cabeza, removiéndose, dando flashazos, chillando, como a veces imagino que estaba la cabeza de Alex cuando Melania lo captaba. Muchas cosas, muchos sentimientos, buenos, malos, regulares, todos ahí centrifugando. Es que pienso en muchas cosas. Amor. Amistad. Sueños. Futuro. Cantar. Expresar. Destacar. Desgarrar.
Siempre me ha gustado cómo suena esa palabra, desgarrar. No sé. Está siempre en mi cabeza. Me gusta cómo suena.

Sueños. Esta semana puede que finalmente llegue el fallo del concurso al que me presenté con mi última historia. ¿Ganaré? No lo sé. Me interesa más saber en qué posición habría quedado. Si no gano, me gustaría saberlo, aunque sé que no puedo saberlo. Por un lado querría ganar, porque es una oportunidad y es lo que siempre he querido. Por otro me da un miedo terrible. Pero no sé. Siempre fantaseas en tu cabeza con estar ahí. Con hacerte notar, con no ser una más en el montón de gente. Quieres ser distinta y que los demás lo vean, que te recuerden. Pero cuando tienes esa posibilidad, sales corriendo. Te da vergüenza. Siempre digo que para mí escribir es como desnudarse. Estás expuesto a quien te lee. Es algo muy personal e íntimo para mí, y no estoy segura de si la gente que alguna vez me ha leído puede entenderlo. Quizá es que en realidad no se dan cuenta de hasta qué punto yo estoy en mis historias. Creo que solo con leerlas mucha gente podría conocerme mejor que hablando conmigo. Siempre lo digo. Yo soy mis personajes. No al 100%, pero una parte de mí está en ellos. Por eso mis historias son un pedazo de mí. Y eso no se puede dar a cualquiera. Pero al mismo tiempo quiero hacerlo. Sigo pensando que escribiendo tal vez consiga un día ayudar a alguien. No me refiero a libros de autoayuda, no. Pero no sé... Quizá algo mío pudiera abrirle los ojos a alguien, darle esperanza y fuerza para enfrentarse a la vida. El You're not in this alone de My Chemical Romance, eso. Yo quiero hacer eso. Me importa un pimiento las formas, si gusta o no. Si le sirve a alguien, bastará.


Y no sé qué más decir ya. Lo que acabo de escribir lo he dicho ochenta mil veces, pero es la verdad.

En cuanto al amor y la amistad... Solo que últimamente no puedo evitar pensar que el amor no me sirve ya para nada. Es triste. Llegas al punto de querer evitarlo. Te haces a la idea de que tú estás aparte de eso, de que no te va a tocar a ti. No por nada. Oye, quién sabe, quizá entre los miles de millones de personas del mundo haya una que sea capaz de entender el puzzle que tengo entre ceja y ceja y me ayude a encajar las piezas. Quizá exista la persona con la que pueda hacer el cabra y partirme de risa mientras vivimos aventuras. Quizá exista la persona a la que pueda abrazar todo el tiempo del mundo mientras estamos tirados en el sofá. Pero de momento no. De momento no existe. Y no voy a amargarme la existencia pensando en si existe o no o si voy a estar sola para siempre o no. El amor empieza por amarte a ti mismo y a ser capaz de convivir en soledad. ¿Por qué esa urgencia de buscar pareja cuando ni tú mismo te conoces ni te aguantas ni estás preparado para algo así? Todos queremos cariño. Todos queremos amor. Todos queremos ser felices.
Pero, tío, no sé si ya lo sabía o si lo he terminado aprendiendo con el tiempo, pero nunca, insisto, nunca debes dejar que tu felicidad dependa de una persona, ya sea novio, amigo o familiar. Tienes que ser feliz por ti. Tienes que luchar por ti, salir adelante por ti y vivir por ti, no por otro. Yo a veces saco las fuerzas por alguien o algo, eso es cierto, pero no puedes convertirlo en tu modo de vida. No puedes vivir para otros. Porque nacemos y morimos solos, a fin de cuentas. Nosotros tenemos que aguantarnos día tras día, nosotros tenemos que consolarnos, tenemos que lidiar con nuestros días malos. A veces ocurren cosas que por más que intentemos explicarlas nunca conseguiremos que otros las entiendan. O al menos eso me pasa a mí. Las palabras no sirven para todo. Nadie es igual a otra persona, todos somos diferentes.

Por eso, y por narcisista que suene, ahora mismo si debo querer a alguien, ese alguien seré yo misma. No me humillaré por nadie, no me hundiré por nadie, no cambiaré mi rumbo por nadie. Porque al final todo depende de mí. Yo soy quien elige. Nadie me condiciona, nadie me ata, nadie me dice cómo debo sentirme.

Y me temo que a veces la gente se olvida de ello. Se olvida de que, en el fondo, todo depende de nosotros, y no de terceras personas.

Porque yo muero por querer a alguien y que alguien me quiera a mí, pero la vida pasa. ¿Voy a quedarme en un rincón llorando por no tener a alguien a mi lado? Pues no. Puedo ser feliz sin eso, lo soy.
Y el amor es algo muy relativo. Yo quiero a mis amigos. Quizá no sea una relación de pareja, pero les quiero con toda mi alma.

Y en el fondo no necesito nada más. Por ahora no.
Estoy harta de necesitar. Es hora de que me necesiten.

15/11/12

I am not afraid to keep on living. Why should I?

Creo que, despacio, pero sin pausa, cambio. En muchos sentidos. Espero que para bien. Lo que se conoce como "evolucionar". No en un sentido profesional o académico, más bien personal. En mi forma de ver la vida, las personas y las relaciones. Me ha costado, y aún me cuesta, pero veo que estoy cambiando algunas cosas que, no es que fueran malas, sino que hacían daño. A mí, particularmente. Y no es bueno hacerse daño a uno mismo. Yo intento no hacerlo.
Hoy quería escribir sobre esos cambios. Cambios como pasar del sufrir por los cambios a aprender que, igual que los cambios linguisticos que convirtieron wulf en wolf y pisc en fish, estos no pueden evitarse. Si algo va a pasar, pasará, no importa lo que hagas por evitarlo. A veces sí está en nuestra mano cambiar, oye, no quiero que penséis que esto es una entrada derrotista porque no lo es. Muchas veces nuestro destino está en nuestras manos, pero muchas otras suceden cosas con las que no contábamos, cosas que pensábamos que nunca ocurrirían. Pero el caso es que ocurren. Y cuando eso pasa solemos pasarlo mal. Lloramos, nos enrabietamos, odiamos a la situación o a la persona que ha causado ese cambio, odiamos al mundo y nos metemos en nuestro cuarto a jurarnos que no volverá a pasar. Nos volveremos de piedra y nada nos hará daño.
Pero el dolor, creo, es parte de la condición humana. Luchamos por no experimentarlo, en todos los sentidos, porque queremos ser felices. Pero la felicidad completa no se puede saborear sin haberlo pasado mal antes. Yo no valoraría muchas cosas que tengo si no me hubieran ocurrido ciertas cosas antes que me hicieron valorarlas de otra forma. A veces cuando somos felices después de un mal momento nos olvidamos de que eso no impide volver a sufrir en algún momento dado. No hay que olvidarlo. En cualquier momento, igual que vino, se puede ir. Uno nace y muere solo. Por el camino te encuentras con mucha gente, compartes tu camino con muchas personas. Pero que en cierto punto del trayecto vayas con toda esa gente no significa que su camino sea el tuyo. No. Todos tenemos un camino, un camino propio, único, nuestro y de nadie más.  Puede ir paralelo, puede cruzarse con el camino de otra persona. Pero puede separarse también. A veces pienso que la vida es como una enorme autopista de peaje. Cada uno vamos a un sitio, con nuestros coches. Quizá no sabemos exactamente adónde vamos, pero vamos a alguna parte, a donde queremos o debemos ir. No todos los coches toman los mismos desvíos o salidas de la autopista, unos se van antes, unos se van más tarde, otros se incorporan.
Nunca, nunca olvidéis adónde queréis ir. No importa con quién os encontréis y no importan los atascos, las retenciones, los accidentes o las veces que tengáis que repostar. Habrá momentos en los que dudéis, pero no debéis olvidarlo. A veces por fijarnos mucho en el coche de delante o en el que va a nuestro lado nos olvidamos de adónde queremos ir. No lo hagáis.

Lo que quiero decir con esto es que no hay que tener miedo a los cambios. No siempre son para mal. A veces son para bien. Y lo que digo, si han de pasar pasarán. Es como en The Walking Dead, cuando Rick le dice a Carl que todos van a morir tarde o temprano, aunque no hay una manera de estar preparado para algo así. No os digo que no disfrutéis de lo que tenéis pensando que podría desaparecer, al contrario, disfrutadlo aún más, todo lo que podáis. A veces las cosas se valoran más cuando son efímeras. Lo importante es, pase lo que pase, salir enriquecido de lo que se ha aprendido en esa etapa. Si no has aprendido nada, entonces no ha merecido la pena.

Despido esto recordando una de las frases de la canción Famous Last Words de My Chemical Romance, "No tengo miedo de seguir viviendo, no tengo miedo de caminar por este mundo solo". Gerard dijo en una ocasión que, mientras preparaban The Black Parade, se dio cuenta de que en realidad la gente le tiene más miedo a la vida que a la muerte. Es cierto. ¿Cuántos dirían eso de "preferiría morirme" antes que resolver un problema? ¿O "preferiría morirme" antes de hacer esto, o decirle algo a esa persona? Es cierto, gente. Las personas tienen más miedo a vivir y enfrentar sus problemas que a morir. Seguid vivos. Demostrad que esos problemas no pueden con vosotros, que sois más grandes y más fuertes que ellos, que ellos no os controlan ni son dueños de vuestro camino.


Saludos!