"Concédeme, Señor, serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir las unas de las otras". Kurt Vonnegut, Matadero cinco
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3/6/16

No hago nada

No hago nada.
No hago el huevo.
Tengo 25 años y no trabajo.
Tengo 25 años y no hago nada.

Cosas como estas son el pan mío de cada día desde hace bastante tiempo. Concretamente tres años, porque justo hoy hace tres años que me apunté al paro, unos pocos días después de mi graduación en la universidad. Qué forma más brillante de celebrar el fin de una etapa, ¿verdad? Lanzarte en plancha hacia la realidad. Enhorabuena, has invertido años y años de esfuerzo en una carrera que nadie valora, ahora es el momento de que te dejes de gilipolleces y que pases por el puto aro de una vez. No tienes trabajo. No estudias. No sabes hacer nada.
Y da igual que quieras saber o que intentes saber, da igual que luches, porque la respuesta será siempre la misma: ¿para qué? Esto no es lo tuyo. No haces el huevo. No haces nada. Eres una inútil.

Y tú no eres una inútil. En tu corazón lo sabes. No lo eres.
Pero la sociedad ya se encargará de quitarte esa idea de la cabeza si no sigues sus reglas. Si no trabajas, eres inútil. Si luchas por lo que quieres, eres un pardillo y estás loco. Si estás perdido y dudas, eres inútil igual, porque a tus años ya tendrías que tener claro lo que quieres y hacerlo, a tus años tendrías que estar trabajando en algo con salidas, tener un buen sueldo, amargarte si no lo tienes y amoldarte a la marea humana de pesimismo y resignación, a su eslogan: "es lo que hay, no puedes aspirar a más. Ah, y da gracias".

A tus años, a tus años... ¿Por qué no analizamos eso? Desde pequeños, nos están metiendo la presión de elegir. Elige tus asignaturas. Elige tus estudios. Elige tu futuro. ¿Tu futuro? ¿Qué futuro, el que quieres de verdad en tu corazón o el que te imponen? Nos llenan la cabeza de que podemos y debemos elegir, pero cuando lo hacemos se nos tiran encima. "Eso no". "Nunca lo conseguirás". "No tiene salidas". "Vas a ser pobre". "Nunca podrás hacer tal o cual cosa". Nos presionan para que demos el paso, y cuando lo damos nos ponen la zancadilla para vernos en el suelo. Nos levantamos, nos la ponen otra vez. Y cuando ya no nos levantamos, se nos critica por ello. "Eres un vago, no haces nada, ¿por qué no haces algo con tu vida?". "¿Por qué eres tan negativo?".

¿Sabéis qué? A la mierda.
Nadie nace negativo. Nadie nace triste, nadie nace rendido. Es el mundo el que nos tumba. Somos nosotros los que nos levantamos, sí, pero parece que a veces a la gente que no le da la gana de levantarse le gusta agarrarnos del pie para que no lo hagamos. Para que no podamos seguir caminando hacia nuestras metas, para que nos quedemos allí con ellos, aspirando su negatividad como si fuéramos fumadores pasivos. Para que se nos contagie la mala onda y acabar rumiando su mismo mantra. "Es lo que hay".

Pues no, gente. No es lo que hay. Ni de coña. Este mundo no es lo que hay. El mundo puede cambiar, nosotros podemos cambiarlo. Podemos cambiar nuestras circunstancias, podemos luchar por una vida mejor. No dejéis que nadie, NADIE, os convenza de lo contrario. Si os tumban, levantaos. Si os caéis, levantaos. Sed fuertes. No escuchéis las voces que ahogan vuestra esencia, lo que sois en realidad. No dejéis que la gente os controle así, no dejéis que os hundan los sueños y las esperanzas.
No dejéis que vuestra alegría y vuestra motivación se esfumen por culpa de gente demasiado cobarde como para no levantarse a ver lo que le ofrece el mundo.

¿Y qué si nos equivocamos? ¿Y qué si es difícil? ¿Y qué si hay que esforzarse mucho? ¿Qué, lo queremos todo fácil y ya está? No, señores, esto es la vida. La puta vida. Y como en cualquier historia, nadie llega al desenlace sin pasar por el nudo. Lo que no puede ser es que se nos critique por creer en nosotros, por creer que podemos lograrlo, y también se nos critique si el peso del mundo nos obliga a parar porque ya no creemos.

No podéis decirnos "no puedes", hacernos creerlo, hundirnos en la más profunda de las crisis y luego decirnos que por qué no movemos un dedo. No podéis apuñalarnos y luego quejaros de que no nos curamos las heridas. Eso es hipocresía.

Un día llegaremos lejos. Seremos fuertes, tan fuertes que vuestros golpes no nos harán daño. Ya lo somos. Somos fuertes porque fuimos débiles, y no nos importa decirlo. No nos avergonzamos, ni de las cicatrices ni de los errores, todo ello nos ha llevado a lo que somos hoy. Somos humanos. Cambiamos constantemente, nos movemos constantemente.
Somos libres. Y si vosotros no queréis serlo porque preferís meteros con los que lo intentan, no es nuestro problema. La vida solo es una, y no hay tiempo para perderla con gilipolleces o pensando en lo que opinan los demás, a la mierda las opiniones.
La meta es ser feliz. Estar bien con uno mismo. La meta no es el éxito, la meta no es contentar a los demás, la meta no es la aprobación colectiva, la riqueza, estar a la última. La meta no es cumplir con todas las ridículas exigencias de una sociedad que no busca otra cosa que homogeneizarlo todo y destruir la diversidad.
La meta es ser feliz. La meta es ser uno mismo. No lo olvidéis nunca.

Tengo 25 años. He escrito catorce novelas y estoy escribiendo la decimoquinta. He corregido dos ajenas a mí (porque las mías me las corrijo yo, claro). He maquetado dos. He diseñado la portada de una. Me he sacado una carrera en cuatro años con una media de 8. He hecho prácticas en una editorial. He ido a dos presentaciones para promocionar un libro en el que aparece uno de mis relatos sin estar obligada a ello. Promociono mi novela por internet yo sola, sin ayuda. Desde 2013 me encargo de las tareas de mi casa, aunque ya lo hacía antes, mientras estudiaba, porque estudiar nunca ha sido una excusa para no colaborar, del mismo modo que trabajar no debería serlo tampoco. Paseo a mi perro, hago la compra, me preparo mi propia comida y muchas cosas más.

Pero no hago el huevo.

No, señor.
Lo que no hago es el huevo de otros. Lo que no hago es dejarme arrastrar por la negatividad de otros. Lo que no hago es renunciar a ser yo misma por tener contentos a unos pocos o por miedo a que se rían de mí. Lo que no hago es rendirme. Porque tengo una meta, una motivación, una razón para continuar. Porque tengo el apoyo de los que me quieren, y eso es un plus. Porque creo en mí misma y en mis habilidades. Porque sé que, si no tengo un "trabajo", lo cual no es cierto, es porque es el mundo el que no quiere creer en mí y darme la oportunidad de demostrar lo que valgo. Pero me da absolutamente igual. Si no me dan la oportunidad, yo haré la oportunidad. Me caeré mil veces, pero me levantaré mil y uno, porque un puñado de palabras repetidas hasta la saciedad y sin sentido para mí no pueden herirme.

No hago nada. Cierto. Yo estoy haciendo algo. Estoy haciendo mi vida, la estoy viviendo.

¿Puedes decir tú lo mismo?

16/4/16

Conclusión: a seguir trabajando

¡Hola a todos! Hoy no os traigo ni reseñas ni noticias, sorry. Hoy os traigo solo una opinión, mi opinión, sobre un tema del que he estado oyendo hablar durante un tiempo y que esta semana se ha disparado: el fenómeno de los libros de los youtubers/booktubers. Sé que mi opinión no es relevante ni nada, pero, de tanto oír a la gente hablar, al final te sale la vena. Espero que esta entrada no ofenda a nadie, porque no la escribo con esa intención.
Bien, allá voy...

De perdidos al río
No es ninguna sorpresa para todos el hecho de que las editoriales publiquen libros a personas famosas en el sentido mediático: el libro de Belén Esteban, por ejemplo. Libros que tienen buenas ventas, para indignación y sorpresa de algunos. Tenemos libros de personajes del corazón, libros de presentadores de televisión... Lo que quiero decir con esto es que, si ya teníamos ese tipo de libros en el mercado, ¿por qué nos horrorizamos tanto con el hecho de que los youtubers/booktubers también tengan presencia aquí? Eso por un lado. Por el otro, ¿y por qué no?

Soy de las que piensan que todo el mundo tiene derecho a ser publicado. Me explico: somos muchos los que soñamos con publicar, por unos motivos u otros, y todos deberíamos tener esa oportunidad en la vida. Pero esto no es una película Disney. Los sueños pueden hacerse realidad, pero no por arte de magia. Todo conlleva un esfuerzo. Eso es lo que yo he aprendido y en lo que baso casi todo lo que hago, en el esfuerzo. En que si no consigo las cosas es porque tal vez no me esfuerzo lo suficiente. En que, aunque aún no haya conseguido nada, si me sigo esforzando, un día alcanzaré mis metas.
El problema viene cuando te llega el minidemonio ese que tienes apoyado en el hombro y te suelta "eeeeh, escucha, esa persona no se ha esforzado y mira, ha conseguido llegar tan alto porque es quien es". Ese día te enfadas con el mundo y no quieres saber nada, pero otros días miras al minidemonio y le dices "pues bueno". Y sigues.
Porque ese minidemonio no conoce a la persona que hay detrás de todo el boom. Ese minidemonio no sabe si esa persona ha tenido que esforzarse o no para llegar a donde ha llegado, no piensa en que esa persona también tiene sueños y sentimientos, como tú, como todos. Él se centra en que esa persona lo ha conseguido y tú no, como si te hubiera quitado tu sitio, como si no lo consiguieras por su culpa. Y chicos, la vida no va de culpar a los demás por lo que no conseguimos por nosotros mismos. La vida va de luchar.

No todos podemos ser Sheldon. Además, el reto de construirte
 tu propio "sitio" es mucho más interesante ;)


Así que, personalmente, no voy a meterme nunca con youtubers/booktubers en general solo porque una editorial haya querido publicarles un libro. ¡Enhorabuena! Mira, minidemonio, lo entiendo. Te fastidia que sean ellos y no otros. Pero ¿sabes qué? Esto es la vida real. Tenemos por un lado el arte y por otro el negocio. Las editoriales son empresas. Sus productos son los libros. Hay unas tendencias, unas circunstancias que se estudian y ayudan a decidir qué tiene más probabilidades de ser vendido y qué no, nos guste o no. A veces nos olvidamos de ello, pero las editoriales viven de vender libros. Es normal que a veces no quieran arriesgar a probar con autores desconocidos, temáticas novedosas o experimentales. Quieren vender. Invierten un dinero y quieren recuperarlo, y a ser posible con beneficios. Y ¿qué va a vender más, un libro de una persona que tiene un público, un conjunto de seguidores fijo o una persona de la que apenas saben nada? Pues eso.

Peeero como autora, yo tengo otros pensamientos que me condicionan en este tema. Porque sí, todo lo que acabo de escribir lo comprendo, lo acepto en mayor o menor medida según el día. Pero también tengo mi lado oscuro.

Hasta Kenshin lo tiene, pls

El criterio que siempre intento seguir con estas cosas es no indignarme con la publicación de un libro (el que sea y escrito por quien sea) siempre y cuando el resultado sea un producto con calidad. Si el libro tiene una calidad y es "bueno" (lo pongo entre comillas porque soy consciente de que creer que un libro es bueno o malo es algo muy personal), entonces me alegro, lo haya escrito un youtuber o mi amiga la del quinto. Ejemplo: El fuego en el que ardo, de Mike Lightwood. Mike es booktuber. Yo no lo conocía por eso, lo conocía por un foro de escritores. Por ello, sabía que para él lo de escribir es una cosa seria, no un pasatiempo. He leído su libro y, como habéis podido leer en la reseña que hice, opino que es un libro con calidad. Buena historia, buenos valores, buena construcción de la novela, buena presencia. Al margen de quien lo haya escrito. ¿Qué más da que sea booktuber? ¿Que eso haya podido influir o no en la decisión de que su novela haya visto la luz? Bueno, ya lo he dicho antes, esto es el mundo real. Pero el resultado ha sido algo bueno, un libro bueno. Me alegro de que se tomase la decisión de publicarlo. La cosa se me complica cuando, para mí, el libro no tenía calidad suficiente para ser publicado y aun así se hizo. Pero esto, insisto, va al margen de la fama o la profesión del autor. E. L. James no era youtuber ni famosa y también me enfadé cuando salió Cincuenta sombras de Grey...

Ahora os preguntaréis "¿y cuándo consideras tú que un libro no tiene calidad?". Pues... (ojo, remarco una vez más, esta es mi opinión):

-Cuando tiene un estilo de escritura pobre. Y aquí entra desde cómo está escrito hasta un mal desarrollo de trama, personajes, etcétera.

-Cuando es la misma historia de siempre una y otra vez. Que sí, que entiendo que si una fórmula tiene éxito se repite hasta la saciedad, pero, colegas escritores, tratemos de ser originales, tratemos de marcar la diferencia. ¿Cómo si no vamos a conseguir que nuestras obras se distingan de las de otros? Que se publique siempre el mismo tipo de historia no es culpa de los que las escriben, sino de quien decide publicarlas porque considera que se van a vender porque siempre se han vendido bien. Pero nosotros (escritores) también tenemos que sacarnos partido. No vayamos a lo fácil, a lo trillado. Hagamos cosas distintas. Intentémoslo, al menos, ya sea cambiando el enfoque, jugando con los clichés, lo que queráis. Convenzamos a quien haga falta de que lo que hacemos vale la pena.

-Cuando no se ha cuidado la presentación: me niego a culpar solo al escritor o solo a la editorial en este aspecto. De vez en cuando, me encuentro quejas sobre libros que tienen erratas, faltas de ortografía o como queráis llamarlas. Personalmente, para mí es algo imperdonable. Primero, porque, como escritora, siempre tengo mucho cuidado cuando envío algo para que el texto esté lo más limpio posible. Segundo, porque, como conocedora principiante de este mundillo, sé que los textos, los escriba quien los escriba y los publique quien los publique, deberían pasar por un proceso de revisión y corrección antes de mandarlos a imprimir. Y digo "deberían" porque, visto lo visto, parece que no siempre es así. Así que, escritores principiantes y no tan principiantes: cuidad vuestros textos. La ortografía es parte de vuestra imagen. A nadie le gusta coger un libro y encontrárselo plagado de fallos, te saca de la historia y te hace tener la sensación de que has tirado el dinero. Y si entramos ya en terreno concursos y demás, te quita credibilidad. Hay que dar buena impresión, y eso pasa por una buena ortotipografía. Lo mismo deberían plantearse algunas editoriales. ¿Qué imagen se da si ponen a la venta libros con erratas, con errores de maquetación o fallos gordos? Estas cosas no solo afectan a la imagen que tiene el lector del escritor, sino también a la imagen de la editorial. Un fallito lo tiene cualquiera, somos humanos. Pero demasiados fallos pueden llevar incluso a que el lector decida no volver a comprar un libro de esa editorial. Como diría Emilio, un poquito de por favor.

Como habéis visto, y en resumen, mi opinión es que la autoría de un libro no determina su calidad. Para mí eso lo determinan otras cosas. Puedes ser "escritor" de profesión y escribir libros que no gusten y puedes ser youtuber/booktuber y escribir de maravilla. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? No se puede generalizar. Yo solo puedo hablar de los libros que he leído, y por tanto no voy a comentar sobre nada que salga, sea o no escrito por booktubers, no por nada, sino porque no he leído el libro. Puedo intuir por dónde van los tiros basándome en las opiniones que he leído, puedo hablar de lo que otras personas han dicho, pero siempre estaré limitada por ello. La mejor forma de saber si lo que se dice es cierto o no, desde luego, es leyendo. Me parece bien que cualquier persona famosa o no publique un libro porque sea su sueño y su pasión y le haya echado horas y tenga ilusión. Diferente para mí es el caso de la gente que escribe un libro solo por vender y decir "oh, mirad, he publicado un libro", no porque ame esto. Y creo que no es el caso de los booktubers porque, como poco, se supone que son amantes de la literatura. Y si de verdad lo son, pondrán todo su cuidado en que lo que hagan no insulte a esta. Conseguirlo o no ya es otra cosa, pero oye, nadie nace sabiendo, ¿no? Uno consigue mejorar trabajando, practicando horas y horas. Pero también tenemos que intentar tener criterio, todos. Cuando veo cosas como "tal persona ha publicado su primera novela", me pregunto si es su primera novela en el sentido de si es la primera que ha escrito o si dicha novela es la primera novela publicada. Hay una diferencia, y es importante. Escribir una novela es un gran logro, estamos todos de acuerdo. La acabamos, estamos eufóricos y pensamos "¡voy a intentar publicarla!". Cuidado. Si es la primera, probablemente no deberías hacerlo. Probablemente aún no estés preparado/a. Pero si sigues perseverando, si sigues escribiendo, llegará un día en que tendrás una novela en las manos y dirás "esta sí".
Lo malo (no os voy a engañar xD) es que saber cuándo hemos llegado a la "elegida" es difícil. Podemos equivocarnos. La vida es así. Pero con bastante seguridad os digo que la primera no suele ser buena. Pero no por nada, sino porque es la primera. ¡Paciencia! Tano y los disonantes es la primera novela que autopublico, pero es mi historia número doce. La doce, no la primera. Maggie Stiefvater escribió treinta novelas antes de escribir Temblor. Laura Gallego escribió trece antes de ganar El Barco de Vapor. Está genial que logréis terminar una historia, pero después viene la parte dura, el saber si vale o no. Y sí, chicos, todo vale... para mejorar. Para intentar ser publicado, ya es otra historia.

No estás solo, George :S 
Y acabo ya, que me voy por las ramas. Mi conclusión es que hay que seguir trabajando. Si escribís y no conseguís publicar (mi caso, jeje), seguid trabajando. Seguid luchando. Pasad del minidemonio y de las envidias tontas, porque no sirven para nada. Pensad en que hacéis esto porque os gusta y no dejéis que nada os quite esa ilusión, ese fuego. Si leéis y creéis que los autores booktubers son basura solo por ser booktubers, reconsideradlo. ¿Juzgáis un libro por la persona que está detrás o lo hacéis por la historia en sí? Porque siempre, siempre debería ser por lo segundo. En la Antigüedad muchas obras eran anónimas por eso, ¿sabéis? Porque lo importante nunca es el autor, es la historia. Estamos aquí por las historias, no por las personas que hay detrás. Para pasar un buen rato leyendo, sea lo que sea lo que nos guste leer. No lo olvidéis. Si un libro no os gusta, que sea por unas razones procedentes del interior del libro, no por lo que lo rodea. Y si os basáis en opiniones o en lo que dice la gente para opinar o para odiar un libro, recordad lo que dice Clint Eastwood:

"Las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene uno".

¡Saludos! ;)










28/1/15

Trabajos invisibles

Antes de ponerme a hacer lo que suelo hacer la mayor parte de las tardes (trabajar), quería dedicar una entrada a una situación que me molesta mucho y que de todas formas no podré arreglar desahogándome aquí. Pero bueno, este es un blog, mi blog, y si aquí no tengo la libertad de escribir lo que quiero, no sé dónde la tengo ya.

Vengo a quejarme del poco reconocimiento que recibimos los trabajadores invisibles. Y con ello me refiero a todas las personas que dedican sus esfuerzos y energías a trabajos que todo el mundo disfruta como si surgieran mágicamente pero que, en cuanto aparece una sola persona dedicada a ello o que quiere dedicarse a ello, recibe el desprecio o la infravaloración. Esto podría extenderse a muchísimos trabajos (porque el ser humano es bastante desagradecido bastante a menudo), pero yo me estoy refiriendo a la industria del arte, la cultura y el entretenimiento. Me estoy refiriendo a todos los que trabajamos ya sea escribiendo, editando, corrigiendo, maquetando, actuando, montando vídeos, etcétera. Todos los escritores, actores, músicos. Todos los que dan su tiempo y su esfuerzo por sus sueños y a cambio son llamados vagos.

El otro día tuve la oportunidad de trabajar de extra en la grabación de una película "casera", por llamarlo así. Pero el ejemplo me vale para cualquier otro tipo de película. Las personas se sientan a ver la película, a pasarlo bien dos horas y si eso igual hasta reconocen el trabajo de los actores. Pero ¿solo los actores? ¿Son ellos los únicos que sacan adelante la película? No. Detrás de una película hay muchísimas personas en las que nadie piensa. Está el director del rodaje. Está el productor. Los cámaras, la gente de sonido, fotografía, vestuario, maquillaje. Los que hacen el montaje final. Los guionistas que escribieron esas palabras que os conmovieron. ¿Y qué tienen en común todas esas personas? Que han luchado por estar allí, han estudiado, se han preparado. Y seguro que, a pesar de todo, a pesar de deslomarse para hacer esa película, en algún momento tuvieron que soportar que algún listo les dijera "si tú no trabajas, eso no es nada". Lo mismo con el guitarrista que se machacó las manos día tras día hasta tener la habilidad necesaria para hacer ese solo que tanto os flipa. Lo mismo que aquella persona que escribió esa letra que tanto os llega al corazón. Lo mismo con la persona que escribió el libro del que se hizo esa película que vais a ir a ver al cine porque no tenéis nada mejor que hacer. Los libros, las canciones, las películas, los cuadros, todo está ahí, es real, se puede ver, tocar, escuchar, sentir. Pero ¿y las personas que lo han hecho posible? ¿Se estaban chupando el dedo? ¿Chasquearon los dedos y apareció el libro o la canción? ¡No! ¡Trabajaron para hacerlo real!

Tengo 23 años. Nunca he tenido un "trabajo", y no porque no lo haya buscado. Quiero ser escritora. Y no soy de las que dicen "quiero ser esto" y no muevo un dedo para conseguirlo. Llevo escribiendo desde los trece años. Tengo doce historias terminadas, las más largas rozan las cuatrocientas páginas, la que más tiempo me llevó hacer tardé seis años en terminarla. Participo en concursos literarios desde los diecisiete años. Envío manuscritos. Me apunto a talleres y cursos de escritura. Leo para mejorar mi técnica y enriquecer mi mente. Estoy escribiendo mi historia número trece, en la que llevo trabajando (¡sí, trabajando!) desde mayo del año pasado. He quedado finalista en un premio al que se presentaron 87 personas. Conseguí que uno de mis guiones se convirtiese en un corto-parodia que está en Youtube. Uno de mis relatos cortos fue leído en un podcast de literatura. ¿Con qué se queda la sociedad maravillosa en la que vivimos? Con las dos primeras frases, "tengo 23 años, nunca he tenido un trabajo". Gracias, muchas gracias, mundo.

Vamos a dejar clara una cosa: no tener trabajo y no trabajar NO es lo mismo. Todas, todas esas personas que veis con una guitarra a cuestas, todas las que se pasan el día al ordenador dándole vueltas a una trama para que cuadre, todas las que veis estudiando arte dramático, danza, música, artes visuales/escénicas, bellas artes, TODAS están trabajando. Aunque a vuestros ojos no tengan trabajo. Aunque os parezcan unos vagos que viven del cuento y tienen pajaritos en la cabeza. Los pajaritos importan, pero no son los pajaritos los que consiguen las cosas, sino el trabajo. Si Tolkien no hubiera trabajado durante décadas, El Señor de los Anillos no existiría. Si John Lennon y Paul McCartney no hubieran ensayado mil y un veces, The Beatles nunca habrían existido. Si Freddie Mercury y el resto no hubieran trabajado no podríais cantar We are the champions cada vez que vuestro equipo al que amáis a muerte gana la Champions. Si Steven Spielberg o George Lucas hubieran sido unos vagos no tendríais Star Wars ni Jurassic Park ni todas esas pelis que os encanta ver.

Los artistas, los que trabajamos en estas cosas NO somos vagos. Curramos igual que vosotros, igual que todo el mundo. Y al igual que todo el mundo, luchamos todos los días para que se nos dé una oportunidad de mostrar lo que valemos. ¿O acaso no es eso lo que todo el mundo busca, la oportunidad de poder hacer algo? Nosotros luchamos por eso, por llegar a nuestras metas, como vosotros. ¿Y qué si nuestras metas están un poco más alto o en otra dirección? Es mejor tener una meta que no tener nada. Caminar sin más no sirve de nada si no tienes intención de llegar a ningún lado, del mismo modo que no sirve decir "quiero llegar a tal sitio" y no moverte de tu pedazo de tierra. ¿Esperas que el destino llegue a ti? ¿Te quedas donde estás porque el camino promete ser complicado y duro? ¿Acaso no te vas de vacaciones al quinto pino aun sabiendo que te tocará chuparte un huevo de horas en coche? Sí, ¿verdad? Porque quieres llegar. Quieres llegar a esa maldita playa y espanzurrarte al sol mientras bebes un refresco. Eso queremos todos. Los artistas y cualquier persona. Queremos llegar al lugar que nos hemos puesto de meta. Y estamos caminando, aunque no nos veáis. Tal vez nuestra meta os parezca imposible, tal vez os parezca que no tenemos meta y nos limitamos a caminar sin rumbo como hace muchísima gente, pero no es verdad. Nosotros no sobrevivimos, nosotros vivimos cada paso que damos. Tropezamos, nos caemos, nos levantamos.
Y nunca, nunca olvidamos adónde queremos llegar, por difícil que sea.

Así que, la próxima vez que veáis a alguien y vayáis a llamarle vago o a echarle en cara que "no tiene trabajo", pensad en esto. Porque muchos trabajamos, aunque no se nos vea, aunque no se nos pague, aunque no se nos reconozca y nuestros trabajos sean invisibles.
Para que sigáis teniendo libros que leer, películas que ver y música que escuchar sin pensar un instante en que, detrás de todas esas letras, luces y melodías, está el esfuerzo de los "vagos", de los que creen en imposibles y no buscan "un trabajo de verdad". Para que, cuando vayáis al cine a ver una película, os levantéis en cuanto aparezcan los créditos, los nombres de todas las personas que colaboraron para que tuvierais vuestras dos horitas de disfrute. Para que cuando veáis un libro en un estante os quejéis de lo gordo que es y comentéis que el que lo hizo seguramente no tenía vida.

Seguro que os gusta que se reconozca vuestro trabajo. A nosotros también.
Seguro que os jode cuando no se os reconoce. A nosotros también.
Pero vosotros no cargáis con el estigma de vagos ni os dicen locos. Qué suerte tenéis...